Las ayudas fiscales europeas amortiguan el impacto pese a la incertidumbre global por la crisis energética
El mercado del combustible sigue marcado por la volatilidad, aunque en la Unión Europea se empieza a percibir cierto alivio en los precios del diésel, a diferencia de otras regiones donde la tendencia continúa al alza. Esta situación llega en un contexto todavía condicionado por la crisis energética derivada del conflicto en Oriente Medio.A comienzos de mayo, el crudo Brent se situaba en torno a los 100 dólares por barril, tras caer cerca de un 20% en una semana, lo que ha contribuido a una ligera bajada en los precios del combustible en Europa.

En la UE, el precio medio del diésel se situó en 1,995 euros por litro, lo que supone una ligera reducción respecto a la semana anterior. Esta bajada se explica, en gran parte, por la coincidencia —por primera vez desde el inicio de la crisis— de cinco grandes paquetes fiscales activos en países como Alemania, Italia, España, Polonia y Suecia.Estas medidas han permitido amortiguar el impacto del encarecimiento energético, especialmente en un momento en el que los operadores de transporte siguen enfrentándose a altos costes operativos.Además, decisiones como la eliminación de recargos al diésel en países como Eslovaquia han favorecido la recuperación del repostaje transfronterizo, reduciendo costes para el transporte internacional.
Subidas en otros mercados y presión sobre el sector
Fuera de Europa, la situación es distinta. En Estados Unidos, el precio del diésel ha alcanzado los 1,50 dólares por litro, lo que supone un incremento cercano al 47% desde finales de febrero. En países como Brasil, Turquía o China, los precios también se mantienen elevados, con aumentos significativos respecto a los niveles previos al conflicto.A esta presión se suma el encarecimiento de productos como la urea, clave para la producción de AdBlue, cuyo precio sigue más de un 30% por encima de los niveles base, lo que añade tensión a los costes del transporte por carretera.
Pese al respiro puntual en Europa, el sector del transporte sigue operando en un entorno de gran incertidumbre. La evolución del mercado dependerá en gran medida de factores geopolíticos, como la situación en el Estrecho de Ormuz o la capacidad de los productores para ajustar la oferta.Los expertos coinciden en que, incluso en el caso de una estabilización del conflicto, no se espera una vuelta rápida a la normalidad. La combinación de infraestructuras dañadas, tensiones en el suministro y desconfianza en los mercados apunta a que los precios del combustible seguirán siendo elevados durante todo 2026.En este contexto, el transporte por carretera continuará enfrentando uno de sus mayores retos: mantener la rentabilidad en un escenario de costes energéticos altos y cambiantes.