Es posible que sea un pequeño rayo de esperanza en una tendencia que no invita al optimismo. El Observatorio elaborado por el Ministerio cifra en 384 las empresas que desaparecieron durante el año 2022, y por aportar otro dato, la evolución interanual a finales de abril indica que ese descenso es de 125 respecto a abril de 2022. Bastante más comedido, pero siempre con el signo negativo delante.
No habrá muchos en desacuerdo si afirmamos que la pandemia es la principal causa de todo esto. Por las restricciones de movilidad a las que obligó en su momento, y por el endeudamiento al que se vieron abocados los operadores para poder sobrevivir, que ahora, cuando tienen que comenzar a devolver, está generando más de una complicación.
A esto debemos añadir las veleidades de Putin. Sus ínfulas conquistadoras llevan más de un año convirtiendo el mercado de la energía en una incertidumbre constante, que ha disparado el precio de la energía (y la inflación), por lo que el escenario tampoco ayuda a las empresas desde esta perspectiva.
Demanda, hay de sobra
Por eso, la pregunta es ¿hasta cuándo? Las previsiones turísticas para nuestro país son inmejorables en 2023. La temporada de Semana Santa ha sido todo un éxito, y se espera que la de verano supere incluso las cifras de 2019. Así que la demanda parece estar asegurada. Pero si no hay la suficiente oferta (menos empresas, escasez de conductores, falta de vehículos en determinados destinos.), lo que parecería una buena noticia podría convertirse en algo bien distinto.
El Sector ha demostrado una capacidad de resiliencia desmesurada, y no solo en los últimos tres años. Y debe volver a hacer ese ejercicio ante lo que se le viene encima. Mucho ánimo.





