El debate impulsado por ACEA sobre la flexibilización de los objetivos de emisiones no solo afecta al vehículo particular, sino que también tiene implicaciones directas para el sector del transporte profesional e industrial.
Según el análisis de T&E, retrasar la electrificación provocaría una mayor dependencia del diésel en el transporte por carretera, especialmente en flotas de camiones y vehículos comerciales, donde el combustible representa una parte crítica de los costes operativos.
Además, mantener una mayor presencia de motores de combustión implicaría:
- Incremento sostenido de los costes energéticos para las empresas de transporte
- Mayor exposición a la volatilidad del precio del petróleo
- Retraso en la adopción de tecnologías más eficientes en logística y distribución
Otro punto clave es el papel de los vehículos híbridos enchufables (PHEV), cuya ampliación —según las propuestas— podría frenar la transición hacia camiones y furgonetas 100% eléctricos, prolongando modelos menos eficientes en condiciones reales de uso.
En este contexto, desde T&E advierten que cualquier retraso en la electrificación del transporte pesado afectará directamente a la competitividad del sector logístico europeo, que ya compite con mercados más avanzados en descarbonización y eficiencia energética.
En definitiva, el impacto no se limita a la automoción: el transporte de mercancías y la movilidad profesional podrían ver retrasada su transformación, justo en un momento clave para reducir costes y avanzar hacia un modelo más sostenible.