Sin embargo, este modelo de negocio tiene asociadas ineficiencias y prácticas no sostenibles que generan costes económicos, ambientales y sociales, desde las entregas a domicilio y devoluciones (que, aunque son gratuitas, tienen un coste), la superurgencia (sinónimo de ineficiencia), hasta prácticas laborales y fiscales cuestionables (que hacen que no se compita en igualdad de condiciones con modelos tradicionales, afectando a la sostenibilidad del sistema).
Así lo entienden desde el movimiento entregasostenible.org, que nació hace ahora un año impulsado por Empresas por la Movilidad Sostenible en el marco de la European Green Week. Partiendo del escenario descrito, busca promover un consumo responsable entre la sociedad y generar mayor compromiso con la sostenibilidad en toda la cadena de valor del comercio electrónico.
Ahora, el movimiento cuenta con más de medio centenar de organizaciones adheridas y comprometidas con la sostenibilidad entre las que se encuentran Decathlon, PEFC, Nacex, Slow Fashion Next, ADER, Mondial Relay, Inquieto Moving Attitude, Loalco Green o Txita.
Según May López, directora de Desarrollo de Empresas por la Movilidad Sostenible, la insostenibilidad del modelo actual genera muchos costes directos e indirectos, mientras que las organizaciones que apuestan por la sostenibilidad real generan valor. Cualquiera de nosotros puede marcar la diferencia en el comercio electrónico, ya sea como consumidor o como e-commerce, poniendo en valor las soluciones y las organizaciones que contribuyen a la sostenibilidad económica, social y ambiental.
Cuatro claves de la sostenibilidad
Desde el movimiento entregasostenible.org destacan cuatro aspectos clave para alcanzar un e-commerce sostenible:
Transporte: se debe evitar la superurgencia y facilitar la consolidación de envíos, además de dar alternativas a la entrega a domicilio y priorizar proveedores de transporte comprometidos con la sostenibilidad.
Embalaje: se debe ajustar el tamaño del embalaje al producto para reducir el consumo de materia prima y optimizar el transporte, eliminar rellenos innecesarios que no afectan a la seguridad del producto, así como seleccionar materiales reutilizables o reciclables que garanticen un mínimo impacto ambiental, como aquellos con certificación PEFC o FSC.
Consumo responsable: se debe desincentivar la compra compulsiva que produce devoluciones, priorizar la compra de productos de proximidad, duraderos o de segunda mano, y elegir organizaciones que tengan un compromiso real con la sostenibilidad, con la transparencia y buen gobierno, y una conducta fiscal responsable.
Comunicación: se debe comunicar y extender el compromiso con la sostenibilidad a toda la cadena de valor, clientes, proveedores y sociedad en general.
Estamos en un momento clave en el que el comercio electrónico está adquiriendo, cada vez más, un mayor protagonismo y, con ello, generando un mayor impacto. Por eso, necesitamos garantizar que ese e-commerce sea responsable y, con nuestro poder como consumidores, reconocer a las organizaciones que apuestan no solo por un producto sostenible, sino también por ponerlo en el mercado de forma sostenible, contribuyendo a un desarrollo económico, social y ambiental allí donde operan, concluye May López.





