Nuestros teléfonos móviles también lo están demostrando, aunque de forma muy sutil. ¿Con qué frecuencia su teléfono le sugiere inesperadamente el tiempo que tardará en llegar a casa cuando se sube al coche, al tren o al autobús? Los teléfonos móviles son interesantes porque ya contienen un gran número de sensores y pueden acceder directamente a la información de los usuarios sobre horarios, patrones de comunicación y otros dispositivos con los que se interactúa.
Gracias a los chips de GPS y de detección del entorno, el teléfono también conoce la ubicación, el tiempo y cualquier información destacada que se desee conocer.
Desde hace tiempo, los usuarios pueden programar alertas y notificaciones basadas en reglas relacionadas con todas estas cuestiones, pero ahora los algoritmos de aprendizaje automático están empezando a sacar conclusiones y tomar decisiones sugiriendo información sin tener que guiarse por reglas preexistentes.
A medida que nos vayamos acostumbrando a esta «asistencia» en nuestras rutinas diarias, se normalizará y formará parte de nuestra existencia cotidiana.
Inteligencia artificial generativa
La rama más apasionante de la inteligencia artificial en la actualidad es la de la IA generativa. Está generando titulares en todo el mundo y en todos los medios de comunicación. A diferencia de la mayoría de los sistemas de IA, la IA Generativa puede «generar» contenidos originales en respuesta a preguntas o propuestas en lenguaje natural.
La IA Generativa puede crear texto, imágenes, código informático y una serie de resultados que la mayoría de la gente consideraría ajenos a una máquina.
Esto captó la atención mundial con el lanzamiento de ChatGPT a finales de 2022 y el número de usuarios que lo probaron no tardó en aumentar en cuanto se publicó su disponibilidad. En un día, el número de usuarios que solicitaron una identificación para utilizarlo se duplicó, pasando de un millón a dos millones ( ).
Esta capacidad también está creando algunos problemas sorprendentes en diversos ámbitos. En Estados Unidos, los profesores universitarios tienen que revisar los trabajos de los alumnos sabiendo que cada vez se escriben más con esta herramienta. Algunos centros han tenido que cambiar la forma de asignar los trabajos a los alumnos y no les permiten enviar trabajos realizados en ordenadores que no utilicen la red de la escuela.
Pero esto es sólo la punta del iceberg, ya que hay otras herramientas similares a punto de ser lanzadas por la competencia, así como versiones mejoradas de ChatGPT. Esta es quizá la primera oleada de inteligencia artificial que puede utilizarse en un entorno comercial para realizar tareas administrativas repetitivas y documentadas. Por ejemplo, las operaciones de compraventa, la preparación de contratos y los dictámenes jurídicos.
Sin embargo, hay que tener en cuenta que se trata de un campo tecnológico emergente y que es posible romper estos sistemas, lo que no es de extrañar, dado el número de usuarios que los están probando.
Por eso hay que comprobar y validar los resultados en función de las expectativas. Pero seguirán evolucionando, como todas las soluciones informáticas que aportan valor.
La empresa que está detrás de ChatGPT, OpenAI, ha atraído ahora el interés de los gigantes tecnológicos que, aunque están desarrollando sus propias capacidades en este campo, siempre les gusta cubrir sus apuestas. De hecho, Microsoft espera invertir hasta 10.000 millones de dólares más allá de los 1.000 millones iniciales que invirtió en la start up en 2019. Ya están añadiendo servicios ChatGPT en toda su cartera de productos.





