Transport & Environment advierte de que la dependencia del crudo importado expone a la economía europea a los choques geopolíticos y pide acelerar la electrificación y las energías renovables
Europa podría enfrentarse a un sobrecoste energético de hasta 150 millones de euros diarios debido al aumento del precio del petróleo por encima de los 100 dólares por barril, según un nuevo análisis de la organización Transport & Environment (T&E). El informe advierte de que esta situación refleja la “prima geopolítica” que pagan las economías europeas por su dependencia del petróleo importado.
El estudio recuerda que en 2022, la última vez que el precio del crudo superó ese umbral, los ciudadanos europeos pagaron alrededor de 55.000 millones de euros adicionales en combustible. Durante ese periodo, los precios del diésel aumentaron un 45% y los de la gasolina un 36% en la Unión Europea.
A mediados de 2022, el precio en las estaciones de servicio superó los 2 euros por litro, lo que supuso que los conductores tuvieran que pagar entre 24 y 31 euros más para llenar un depósito de 50 litros en comparación con los niveles previos a la crisis.
Dependencia energética y riesgos económicos
Para Antony Froggatt, director sénior de T&E, esta situación demuestra el riesgo estructural que supone la dependencia del petróleo.
“La dependencia petrolera de Europa crea una prima geopolítica cada vez que hay volatilidad global. Esto seguirá paralizando la economía europea y presionando a los hogares si no ponemos fin a nuestra dependencia de los combustibles fósiles importados”, señala.
El experto defiende que la respuesta a esta vulnerabilidad debe centrarse en medidas estructurales a largo plazo, como la electrificación del transporte, el despliegue de energías renovables y el uso de tecnologías como bombas de calor y vehículos eléctricos.
Subvenciones millonarias al combustible
El informe también destaca que, durante la crisis energética de 2022, los gobiernos europeos perdieron cerca de 30.000 millones de euros en recortes fiscales al combustible, medidas que redujeron temporalmente el precio para los consumidores pero que no solucionaron el problema de fondo.
En total, la subvención a los combustibles fósiles en la Unión Europea alcanzó los 136.000 millones de euros ese año, de los cuales 107.000 millones se destinaron a consumidores de petróleo y gas.
Según T&E, esta cantidad podría haber servido para sustituir 5,4 millones de coches por vehículos eléctricos asequibles, lo que habría reducido la dependencia petrolera europea en 70.000 barriles diarios y ahorrado 2.500 millones de dólares anuales en importaciones de crudo.
El papel de los vehículos eléctricos
Actualmente, los 7,7 millones de vehículos eléctricos que circulan en Europa ya están contribuyendo a reducir el consumo de petróleo en aproximadamente 126.000 barriles diarios.
De acuerdo con los cálculos de la organización, si los precios de combustible se mantuvieran en niveles similares a los de 2022, los conductores europeos de vehículos eléctricos podrían ahorrar alrededor de 39 millones de euros al día.
Beneficios récord para las petroleras
El aumento de los precios también se tradujo en beneficios extraordinarios para las compañías energéticas. En 2022, las empresas europeas de petróleo y gas registraron beneficios cercanos a los 104.000 millones de euros, un incremento del 45% respecto al año anterior.
Para hacer frente a esta situación, la Unión Europea aprobó temporalmente un impuesto sobre los beneficios extraordinarios del sector energético, aunque esta regulación ya ha expirado. Desde T&E consideran que la UE debería estar preparada para reintroducirla rápidamente si los precios vuelven a dispararse.
Reducir la dependencia del petróleo
El informe concluye que reducir las importaciones de petróleo y gas es clave para mejorar la seguridad energética, reducir la exposición a crisis geopolíticas y avanzar en la transición climática.
Según Froggatt, retrasar políticas como la eliminación progresiva de los coches de combustión en 2035 o la implantación del precio del carbono en combustibles y calefacción solo aumentaría la vulnerabilidad económica de Europa frente a futuras crisis energéticas.





