Astic prevé un crecimiento moderado del sector en un contexto de alta incertidumbre económica, transición energética compleja y sobrerregulación normativa
Las empresas de transporte por carretera afrontan un 2026 especialmente exigente, condicionado por el aumento sostenido de los costes operativos, la inseguridad jurídica derivada de una intensa actividad regulatoria y una escasez estructural de conductores que amenaza la capacidad operativa del sector. Así lo advierte la Asociación del Transporte Internacional por Carretera (ASTIC), que prevé un crecimiento moderado de la actividad en un entorno económico y político de gran incertidumbre.
Costes al alza y rentabilidad en riesgo
La rentabilidad de las empresas continúa presionada por la volatilidad de los precios del combustible y la energía, que suponen cerca de un tercio de los costes operativos. A ello se suman el encarecimiento de los seguros, la financiación, los peajes, el mantenimiento de los vehículos, los costes sociales y las cargas asociadas a las políticas climáticas del Green New Deal y el paquete Fit-for-55, lo que erosiona los márgenes empresariales.
‘Al iniciar 2026, el panorama macroeconómico continúa siendo incierto, lo que obliga a nuestro sector a mantener la guardia alta’
El inicio de 2026 llega con un balance agridulce en materia de descarbonización. Astic destaca como hito positivo la paralización por parte de la Comisión Europea de la propuesta que obligaba a las flotas corporativas a adquirir vehículos de cero emisiones, excluyendo finalmente a los vehículos pesados. Asimismo, Bruselas ha revisado los objetivos climáticos de 2035, incorporando combustibles renovables como parte de la solución.
No obstante, el sector sigue afrontando importantes desafíos, como la aplicación de peajes vinculados a las emisiones de CO₂, derivados de la Euroviñeta, o la futura entrada en vigor del ETS II, prevista para 2028. Este sistema podría suponer sobrecostes anuales de hasta 1,2 millones de euros para empresas con flotas de 100 vehículos.
Déficit de conductores, un problema estructural
La escasez de conductores profesionales continúa siendo uno de los principales riesgos para la viabilidad del transporte por carretera. Con una edad media cercana a los 54 años y una presencia femenina de apenas el 2 %, el relevo generacional sigue sin resolverse. Astic considera insuficientes las ayudas del Plan Reconduce, dotadas con 500.000 euros, y reclama medidas como facilitar la contratación de conductores de terceros países, revisar el modelo formativo e incentivar el empleo joven y femenino.
El sector también sufre una “catarata regulatoria” procedente de todos los niveles administrativos que genera inseguridad jurídica y dificulta la planificación empresarial. Astic denuncia que el principio europeo de “legislar menos y mejor” aún no se ha materializado, mientras crecen las obligaciones normativas en ámbitos como medio ambiente, fiscalidad, igualdad, responsabilidad social o ciberseguridad.
Entre los cambios normativos más relevantes destaca la obligatoriedad del documento de control de transporte electrónico a partir del 5 de octubre de 2026, recogida en la Ley de Movilidad Sostenible. Aunque supone un avance en eficiencia y trazabilidad, las pequeñas empresas reclaman apoyo técnico y una adaptación progresiva.
Un sector estratégico que pide estabilidad
En 2025, el transporte por carretera ha vivido importantes cambios, como la autorización de las 44 toneladas, la implantación del tacógrafo inteligente de segunda generación o la renovación del Comité Nacional del Transporte por Carretera, donde Astic se consolida como una de las organizaciones más representativas.
»Al iniciar 2026, el panorama macroeconómico continúa siendo incierto, lo que obliga a nuestro sector a mantener la guardia alta», señala Ramón Valdivia, vicepresidente ejecutivo de Astic. »Para garantizar la viabilidad de este sector estratégico, necesitamos seguridad jurídica y estabilidad regulatoria, basadas en la colaboración, el realismo y el sentido común», concluye.





