La patronal alerta de que la escalada bélica puede elevar los costes del transporte de viajeros por carretera y afectar también a la actividad turística
La escalada de los conflictos bélicos en Oriente Medio empieza a dejar sentir sus efectos en distintos sectores económicos, y el transporte de viajeros por carretera no es una excepción. Confebus ha solicitado a las administraciones la activación de un plan de contingencia que ayude a amortiguar el golpe de esta situación, en un momento en el que el encarecimiento de la energía, la presión sobre los costes operativos y la incertidumbre internacional amenazan con complicar aún más la actividad de las empresas.
La patronal del sector advierte de que el escenario actual puede traducirse en un deterioro de la rentabilidad de las compañías, especialmente si se consolidan las subidas del petróleo y del gas. En ese contexto, reclama medidas de apoyo como bonificaciones en la fiscalidad del combustible, al considerar que sostener la movilidad colectiva será clave en un entorno económico cada vez más inestable.
La energía vuelve a poner contra las cuerdas al sector
Uno de los principales focos de preocupación está en la evolución del precio del petróleo y de los combustibles. Con el barril de Brent por encima de los 100 dólares y el gas natural superando los 50 euros por megavatio hora, el sector teme un nuevo incremento de sus costes de explotación.
No es un asunto menor. Para las empresas de transporte en autobús, el carburante sigue siendo uno de los gastos más importantes del día a día. Y cuando ese coste sube durante un periodo prolongado, el impacto acaba llegando de lleno a la cuenta de resultados. Oriente Medio concentra una parte muy relevante de la producción mundial de crudo, de modo que cualquier tensión que altere el suministro o complique las rutas comerciales termina por trasladarse a los mercados energéticos.
A esta presión se suma otro factor que también inquieta al sector: el posible efecto de la inestabilidad internacional sobre las cadenas de suministro. Vehículos, componentes, piezas o tecnología vinculada a la movilidad podrían verse afectados por retrasos logísticos o por un encarecimiento de los procesos de producción. Y eso, la verdad, llega en un momento especialmente delicado para muchas empresas que todavía operan con márgenes ajustados.
Turismo, costes y apoyo público: las claves del momento
La preocupación no se limita a la energía. El transporte discrecional y de largo recorrido depende en buena medida de la fortaleza del turismo, uno de los motores de la demanda en España. En escenarios de incertidumbre global, la confianza de los viajeros puede resentirse y eso influye tanto en la planificación de desplazamientos como en la contratación de servicios.
Aun así, desde el sector recuerdan que el autobús ya ha demostrado en los últimos años una notable capacidad de adaptación. Ocurrió durante la pandemia y también tras otras crisis energéticas derivadas de tensiones internacionales. Esa resistencia, sostienen, se apoya en la eficiencia operativa del autobús y en su papel esencial dentro de la movilidad colectiva, especialmente cuando toca ofrecer alternativas sostenibles y accesibles.
Por todo ello, Confebus insiste en que las administraciones deben reaccionar con rapidez y poner en marcha mecanismos de apoyo que permitan paliar esta situación. Entre las medidas que plantea figura un plan de contingencia con alivios fiscales sobre el combustible, una herramienta que podría ayudar a contener el impacto de la crisis sobre las empresas y, al mismo tiempo, proteger un servicio fundamental para miles de desplazamientos diarios.
En un contexto marcado por la incertidumbre, la energía vuelve a convertirse en una variable decisiva. Y el sector del autobús, que mueve a millones de viajeros y conecta territorios cada día, pide ahora algo muy concreto: certidumbre, respaldo institucional y medidas que eviten que la crisis internacional termine frenando la movilidad.





