La subida del gasóleo golpea con más fuerza a los países con precios liberalizados, mientras China, India o Brasil amortiguan parte del impacto con mecanismos de control
Europa nota antes la presión del gasóleo
La nueva tensión en el mercado internacional del petróleo no está afectando por igual a todos los países. Mientras Europa y Estados Unidos afrontan una subida rápida del diésel, otros mercados con precios más intervenidos están consiguiendo amortiguar parcialmente el impacto sobre empresas, transportistas y consumidores.
La diferencia responde principalmente al sistema utilizado para fijar los precios de los carburantes. En los mercados más liberalizados, el encarecimiento del crudo, los márgenes de refino y las dificultades de suministro se trasladan con mayor rapidez a los surtidores. En cambio, los países que aplican controles, subvenciones o mecanismos de regulación pueden retrasar o suavizar temporalmente las subidas.
El escenario vuelve a poner de manifiesto que el combustible continúa siendo uno de los principales puntos vulnerables del transporte mundial
En la Unión Europea, el precio medio ponderado del diésel se ha situado en 1,929 euros por litro, después de registrar un incremento del 7% en apenas dos semanas. Frente a los 1,634 euros por litro del periodo previo a la guerra, el gasóleo es ahora un 18% más caro, aumentando directamente los costes por kilómetro de los transportistas.
La presión es todavía mayor en los mercados donde el combustible ha superado ya la barrera de los 2 euros por litro. Dinamarca, Países Bajos, Alemania, Finlandia, Bélgica, Italia, Irlanda y Francia se encuentran por encima de este nivel, una situación que complica especialmente la operativa de las flotas internacionales.
Estados Unidos también está sufriendo el incremento del precio del diésel, aunque cuenta con una estructura fiscal diferente a la europea. El precio final suele ser inferior al de la Unión Europea, pero las variaciones internacionales se trasladan con rapidez al consumidor y a los operadores de transporte, especialmente cuando aumenta la competencia por los cargamentos disponibles.
La situación se ha visto agravada por la interrupción parcial del tráfico de petroleros en el Estrecho de Ormuz y la suspensión de las exportaciones rusas de diésel. La menor disponibilidad de productos refinados ha elevado los márgenes del gasóleo y obligado a Europa a buscar alternativas en un mercado internacional más competitivo.
Mercados con más control amortiguan el impacto
Frente a la evolución registrada en Europa y Estados Unidos, mercados como China, India o Brasil disponen de mecanismos que permiten modular el precio final de los carburantes. Los gobiernos o las compañías energéticas públicas pueden retrasar determinadas subidas o aplicar medidas internas para evitar variaciones bruscas en los surtidores.
Esta intervención permite proteger temporalmente a sectores especialmente sensibles, entre ellos el transporte, la agricultura o la distribución. Sin embargo, el coste de la subida no desaparece, sino que puede trasladarse a los presupuestos públicos o a las cuentas de las empresas energéticas.
En Europa, la retirada o reducción de algunas ayudas al combustible ha dejado a empresas y autónomos más expuestos a la volatilidad energética. Chequia, Italia, Alemania, Polonia y Austria han eliminado o ajustado determinadas medidas de apoyo, mientras que Irlanda, Portugal, España, Grecia y Serbia mantienen instrumentos destinados a amortiguar parte del impacto.
La comparativa internacional demuestra que el precio del diésel no depende únicamente de la cotización del petróleo. La fiscalidad, la regulación energética y la capacidad de cada país para absorber las variaciones del mercado determinan también cuánto de esa subida termina llegando al consumidor y a las empresas.
Para el transporte por carretera, estas diferencias adquieren una importancia especial. Una misma ruta internacional puede atravesar países con precios de combustible muy diferentes, obligando a las empresas a planificar cuidadosamente los repostajes, controlar los costes y adaptar sus estrategias comerciales.
La evolución del mercado dependerá ahora de dos factores fundamentales: la normalización del tráfico de petroleros por el Estrecho de Ormuz y la decisión de Rusia sobre la continuidad de su veto a las exportaciones de diésel. Mientras persista la incertidumbre, Europa y Estados Unidos seguirán más expuestos a las oscilaciones del mercado que aquellos países donde los precios están parcialmente administrados.
El escenario vuelve a poner de manifiesto que el combustible continúa siendo uno de los principales puntos vulnerables del transporte mundial. Cuando el diésel se encarece, el impacto no queda limitado al surtidor, sino que termina repercutiendo sobre los costes de explotación, la logística y el precio final de numerosos bienes y servicios.