La posición geográfica, las infraestructuras y la transformación industrial refuerzan el papel del país en las nuevas cadenas de suministro europeas
La logística y la industria atraviesan un momento de profunda transformación en Europa. La reorganización de las cadenas de suministro, la transición energética y el impulso de la reindustrialización están redefiniendo el mapa económico del continente. En este escenario, España emerge como uno de los territorios con mayor proyección logística e industrial de cara a 2026, combinando ubicación estratégica, infraestructuras consolidadas y un ecosistema cada vez más enfocado en la sostenibilidad y la digitalización.
Así lo explica Ramón Lázaro, director comercial de GSE España, quien destaca que el país reúne condiciones únicas para convertirse en un punto clave en las operaciones logísticas europeas. “España está preparada para absorber inversión, acompañar el crecimiento del comercio y hacerlo de forma responsable y sostenible”, señala.
Una ubicación estratégica y un sistema logístico consolidado
La primera ventaja competitiva de España es su posición geográfica privilegiada. Situada entre Europa, África y América Latina, el país actúa como puente natural entre distintos mercados internacionales y como un nodo esencial en las rutas marítimas este-oeste.
En este sentido, puertos como Algeciras, Valencia y Barcelona se encuentran entre los más relevantes del continente. Según datos de Puertos del Estado correspondientes a 2024, el sistema portuario español mueve 557,8 millones de toneladas anuales, lo que sitúa al país como uno de los principales hubs marítimos de la Unión Europea y un socio estratégico para operaciones de importación, exportación y transporte marítimo de corta distancia.
A esta ventaja se suma una red de infraestructuras altamente competitiva. España dispone de más de 15.000 kilómetros de autopistas y autovías, además de una de las redes ferroviarias de alta velocidad más extensas del mundo. Paralelamente, el transporte intermodal gana protagonismo en la estrategia logística nacional.
El dinamismo también se refleja en el mercado inmobiliario logístico. Durante 2024 se superaron los 2,5 millones de metros cuadrados contratados, lo que supone un crecimiento superior al 20 % respecto al año anterior. Madrid, Barcelona y el eje Valencia-Zaragoza siguen liderando la actividad, aunque cada vez más zonas secundarias ganan atractivo gracias a la disponibilidad de suelo y a costes más competitivos.
Industria, sostenibilidad y nuevos estándares para el futuro
El impulso logístico está estrechamente ligado al peso industrial del país. España es el segundo fabricante de automóviles de Europa y está acelerando su transición hacia sectores de mayor valor añadido. Entre ellos destacan la agroindustria avanzada, la industria farmacéutica, la tecnología, las energías renovables y el desarrollo de centros de datos.
La combinación de disponibilidad energética, conectividad digital y talento especializado está atrayendo inversiones en infraestructuras críticas que requieren instalaciones técnicas altamente especializadas, seguras y eficientes.
Al mismo tiempo, el sector vive un cambio profundo en la forma de construir y gestionar activos logísticos e industriales. Inversores y operadores demandan edificios flexibles, energéticamente eficientes y alineados con criterios ESG. Aspectos como la reducción de la huella de carbono, el uso de materiales de menor impacto ambiental o la integración de soluciones digitales se han convertido en requisitos fundamentales.
En este terreno, España parte con una ventaja competitiva. El país cuenta con un marco normativo cada vez más exigente en materia de sostenibilidad y con una cadena de valor —ingeniería, construcción y operación— altamente especializada.
Además, los costes de desarrollo y operación siguen siendo más competitivos que en otros mercados europeos, sin renunciar a estándares técnicos de primer nivel. Esto permite a las empresas ampliar operaciones, acercar inventarios a los mercados finales y reducir riesgos en un contexto global cada vez más incierto.
En palabras de Ramón Lázaro, el reto ahora es claro: seguir acompañando a las empresas en esta expansión y transformar cada metro cuadrado en una ventaja competitiva para la cadena de suministro europea. Si ese objetivo se cumple, España no solo reforzará su papel logístico, sino que también se convertirá en un referente en el diseño y construcción de la infraestructura industrial del futuro.





