La FEBT advierte de un sobrecoste estructural por la insularidad y pide adaptar la normativa para evitar tensiones en el abastecimiento
El transporte de mercancías en Baleares afronta un nuevo escenario jurídico que puede alterar de forma significativa sus costes operativos. La reciente Sentencia nº 843/2025 del Tribunal Superior de Justicia de Illes Balears obliga a considerar como tiempo de presencia laboral las horas que un conductor pasa en ferry acompañando al camión, aunque disponga de camarote y no esté conduciendo.
Hasta ahora, en muchos casos, ese periodo se computaba como descanso. Con esta nueva interpretación, deberá ser retribuido o compensado, lo que, según la Agrupación Empresarial del Servicio Discrecional de Mercancías de la Federación Empresarial Balear de Transportes (FEBT), puede suponer un incremento estructural de costes de hasta un 35 % por embarque.
Un impacto directo en un territorio dependiente del ferry
La repercusión es especialmente sensible en Baleares, donde el ferry no es una alternativa organizativa, sino una consecuencia directa de la insularidad. En un puerto como el de Palma, que supera los nueve millones de movimientos anuales, cada trayecto marítimo añade varias horas que ahora deberán abonarse o compensarse obligatoriamente.
El fallo judicial introduce además una complejidad operativa añadida. La normativa europea de transporte considera descanso el tiempo en ferry cuando se cumplen determinadas condiciones —como disponer de camarote o litera y que no existan interrupciones superiores a lo permitido—, circunstancias habituales en las rutas entre Baleares y la península. Sin embargo, con esta sentencia, ese mismo periodo pasa a calificarse como “tiempo de presencia” laboral y a computar dentro del límite semanal de aproximadamente 20 horas que fija el Acuerdo General del sector.
Cada trayecto marítimo puede suponer entre siete y ocho horas. Con tres embarques semanales, un conductor puede agotar prácticamente ese tope legal, lo que le impediría realizar más servicios esa semana, aunque apenas haya recorrido 200 kilómetros al volante. En la práctica, podría verse obligado a detener su actividad pese a haber conducido muy poco tiempo.
Riesgo para la competitividad y el abastecimiento
A esta situación se suma la escasez de conductores que ya afecta al sector. La necesidad de rotar más personal para cubrir los mismos trayectos no es inmediata ni sencilla, especialmente en un territorio insular donde el transporte marítimo resulta imprescindible para garantizar el suministro de productos.
La sentencia, además, abre la puerta a posibles reclamaciones retroactivas por horas no abonadas en el pasado, incrementando la incertidumbre económica para muchas empresas.
Desde la FEBT advierten de que este sobrecoste no responde a una decisión empresarial, sino a una condición geográfica inevitable. Cuando el transporte se encarece de forma estructural por la insularidad, el impacto no se limita a las empresas: termina repercutiendo en el conjunto de la economía balear y, en última instancia, en el precio final de los productos que llegan a las islas.
La entidad considera necesario analizar con las administraciones el efecto específico que esta interpretación judicial tiene en territorios insulares, con el objetivo de evitar que una circunstancia estructural se convierta en un factor permanente de pérdida de competitividad y en un riesgo añadido para el abastecimiento.





